Entonces riiing


Parecía ser la mañana de un día tranquilo. El viernes, pese a las invitaciones de la Chikis y unos amigos a salir de antro, preferí meterme en la cama temprano. Había trabajado un par de veces, una de ellas con un señor de casi dos metros y más de 140 kilos de peso. Algo así como el Everest de las escorts. No era, además un cliente fácil. Digamos que era de esos a quienes tienes que explicarles que una mujer es frágil, que el sexo sabe más rico cuando se hace con caricias, suavecito, cuando tomas en cuenta que a una mujer de mi tamaño, un hombre del suyo debería duplicar cuidados para no romperme.


Ciertamente después de un par de llaves de luchas grecorromanas y mi sutil explicación sobre la fragilidad de mis articulaciones, agarró la onda y terminamos bien, de grandes cuates y disfrutando el acostón lo más posible, pero al principio pensé que en vez de hacerme el amor iba a atropellarme. Me cae que busqué una libretita por si tenía que apuntar las placas. De todos modos, después de estar con él, decidí cerrar el changarro.


Ya en mi cama, estaba revisando en el teléfono mensajes del twitter cuando me ganó el sueño. Desperté animada y ya tardísimo, a pesar de haberme dormido relativamente temprano. La mañana se veía un poco nublada, pero como yo estaba de buenas y tenía el teléfono a la mano, escribí en mi twitter algo así como que las mañanas de los sábados me gustan y que sentía que esa presagiaba un buen día.


Despertar con esa sensación siempre ayuda, al menos te predispone a pasarla bien, a dejar que las cosas sucedan. Entonces riiiiing …


Sí, fue un sábado padre.

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