Matthew ¡Qué rico!

Al salir del elevador me encuentro con otra chica (rubia, alta, guapa), probablemente colega, que me sonríe, le devuelvo el saludo. Ella sube y yo camino por el pasillo. Toc, toc, toc. Qué curioso, apenas ayer atendí a otro cliente en esta misma habitación. Un señor muy agradable, bigotón y de conversación muy amena que me acarició muy rico la espalda.

Cuando toco, se oyen pasos que se acercan a la puerta. Me abren y ¡Zaz! Me recibe un güey que no manches… Un verdadero muñeco. Físicamente, se trataba de un espécimen digno de contemplación: pompas, piernas, abdomen, espalda, hombros, voz, olor, todo en él parecía robado a la estatua de un dios griego. Además me iba a coger y, para acabarla de chingar… ¡ME PAGARÍA POR ELLO!

Lo más hermoso de aquel muchacho era su cara, era, sin ánimo de sonar exagerada, el pinche clon de Matthew McConaughey. De verdad que si me ha hablado en inglés yo habría jurado que era él. Nos desnudamos. Nos acariciamos. Nos besamos. Pasé mi mano por su pecho y la fui bajando hasta encontrarme con aquello que habría de entretenerme. La tenía rica, de buen tamaño, suave, derechita y oliendo rico. El vello recortado, en su sexo, apenas crecía en sus muslos duros como piedras. Abrazaba rico y besaba todavía mejor. Me hizo el amor. No sabía si cerrar los ojos para sentirlo o abrirlos para verlo… Ahhhhhhh….

Al salir iba feliz, con mi pago en la bolsa, cosquillitas en el vientre, buenos recuerdos y un orgasmo. Las piernas me temblaban mientras esperaba el ascensor, cuando se abrió otra chica venía en él, probablemente colega, yo iba tan alegre que la saludé con una sonrisa, ella me devolvió el saludo. Subí al ascensor y ella caminó por el pasillo…

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