Ningún patito de hule…


Les dejo un porno relato cortesía de Don Kruz, un amigo que amaneció cachondo y con ganas de escribir:

Desperté de lo que parecía haber sido una horchata de esas que ya quisiera “La Michoacana” en sus refrigeradores. Sí, horchata, orgía o como quieras llamarle. Una desconocida dormitaba en mi hombro, yo estaba en estado “crupe”, que es cuando no sabes si estas crudo o sigues pedo. Tratando de no despertar a la inquilina de mi hombro, me levanté de aquel sillón al que tenía ganas de preguntarle:

-¿Que madres pasó ayer?-.
Me encaminé a donde mas o menos recordaba que estaba el baño; cerca de él, me encontré con ella, de esas mujeres que ves y es inevitable morderse el labio pensando en lo que le harías de tenerla entre tus brazos. Como todavía veía caras conocidas regadas por todos los rincones de aquel  lugar tipo cabaña de película y casi todos acompañados de alguna chica de las que habíamos contratado, supuse que aun había tiempo de cumplirme ese caprichito, así que le dije:

-Voy a darme un baño, ¿me acompañas?-, accedió sin pensarlo (supongo que también estaba en estado catatónico).
La tomé de la mano y esquivando vasitos rojos de plástico regados por todos lados, nos fuimos al baño; llegamos, cerré la puerta asegurandome de que nadie nos fuera a molestar. 
Las regaderas tienen un no sé qué, que qué sé yo, que las veces que he intentado bañarme y SÓLO bañarme con alguna novia, siempre terminamos poniéndole como conejitos en regadera, ¿O era primavera? ¡En fin! Ni bien se calentó el agua y nosotros ya estábamos hirviendo, ella sacó un condón de no sé dónde chingada madre porque estaba toda desnuda, me lo puso; dándome la espalda, con sus pies apoyados sobre dos patitos amarillos de hule pegados al piso (ahora ya sé para qué sirven), se inclinó, con la gracia de una gimnasta olímpica, llevando su cara cerca de sus rodillas sin perder la vertical, al ver ese “corazón” que se dibujaba frente a mi, yo pensaba (mordiendome el labio): “Mira na’ mas lo que me voy a desayunar… Fue justo cuando estaba apunto de flechar aquel corazón que empecé a sentir un pinche frío cabrón, volteaba a todos lados desesperado buscando una pinche ventana abierta, fue entonces que le pregunté a aquella aprendiz de Nadia Comaneci: “¿Cómo te llamas?”, me respondió con su nombre y volví a preguntar: “Lulú, ¿Viste alguna ventana abierta?”, entonces…
¡Me pinches desperté!
Moraleja, ¡no vuelvo a dormir con la pinche ventana abierta! 
¡Ja, ja, ja, ja! Me cae de madre que estos relatos de Lulú me están afectando que ahora hasta sueño con ella y hoy es la patrocinadora de mi “casa de campaña”… 
Creo que hay varios de tus relatos involucrados en mi sueño, pero definitivamente nadie como tú Lulú para contarlos, aunque dos o tres sueños más como este y ya te empiezo a hacer competencia.
P.D: Ningún patito de hule fue lastimado durante este sueño. Dentro de las caras conocidas regadas por ahí, si, estaban ustedes, cochinotes.

1 comment

  • Anonymous

    Je je… me encantas y te adoraré siempre!!

    Oye, se me estaba ocurriendo. Ya la colección de relatos está creciendo y ha sido bastante buena. ¿Porqué no haces un libro con ellos? Ah, pero la idea es esta: convócanos a todos los que nos dedicamos “al fabuloso (asarozo) mundo de la comunicación” y que cada quien ‘ilustre’ uno, con técnicas diferentes… creo que podría quedar un book de colección: tu talento y tus cachondos, para siempre forever… ¿cómo ves, miamore Petite?

    Scaramouche

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