Un sateluco de ensueño

Unos chavos de la escuela, se empeñaban en que fuéramos todos a una fiesta por Satélite (O más bien en una de esas colonias entre Valle Drogado y Echegaray a las que los que vivimos de Polanco pa’ acá conocemos por el nombre genérico e intercambiable de “Satélite”). Poco a poco fueron convenciendo al grupo en pleno.

La neta, casi nunca jalo a las pachangas de la escuela, no es por mamila, pero sucede que muchas de las cosas que ellos están viviendo y experimentando, especialmente en lo que a reventones se refiere, a mí me tocó vivirlas hace ya algunos añitos y eso me ha provocado que, en general, me dé una colosal hueva juntarme con gente de mi edad. Ni modo, crecí desfasada.

Estaba a punto de dar mi brazo a torcer (más con la intención de quitarme un poquito el bien ganado prestigio de evenflo, que animada con la idea de reventar por el rumbo de Mundo E), cuando recibí la llamada ansiosa de un chavo muy entusiasmado con la idea de que lo atendiera en el siempre confiable nicho de amor de Patriotismo número 53. El pobre había hecho un afanoso viaje, justamente desde Satélite y a la más picuda de las horas pico con el único noble propósito de darse un respiro del mundanal caos de la ciudad, cogiendo conmigo en la camita de un cinco letras. Quería, además, un servicio de dos horas.

Humildemente me dije: ¿Quién soy yo para desilusionar de esa manera a un amable cliente? Como todos vieron que me entró una llamada y, aunque me retiré estratégicamente para informar al cliente y ponerme de acuerdo con él, regresé justo para que oyeran que decía “Allá nos vemos en una hora”, apliqué con eficacia el gracioso pretexto del “trabajo repentino” (En la escuela siempre he dicho que por las tardes trabajo en “ventas”, lo que no es del todo falso).

Una hora más tarde estaba subiendo la rampa del Villas Padrotismo. Toc, toc, toc. Me abre un chavito con una cara de inocencia, que si me ha llamado un par de años antes, me cae que habría parecido escapado de una etiqueta de Gerber. Tendría unos 21 años y estaba guapetón tirándole a bonito. Era además, como la mayoría de los chavos de Satélite (y colonias aledañas), un niño a toda madre. Tímido, al principio, juguetón y risueño en cuanto agarró confianza (y más en cuanto agarro otras cosas). Yo iba con una blusita negra escotada, tacones y, bendito calor, con unos shorts grises que creo que me sientan muy bien.

Empezamos a platicar y, entre cosa y cosa, salió el asunto de la fiesta por sus rumbos. Me cayó bien. A mitad de la conversación, puso su mano sobre mi muslo y se acercó buscando un beso, yo abrí los labios y lo dejé que probara. Fue un beso suave, rico, paciente. De esos que te van probando como si buscaran memorizar tu sabor. Mientras me besaba, su manita inquieta comenzó a buscar por mi espalda y costillar. Sus labios pasaron de mi boca a mi cuello y del cuello a mi escote. Ya en ese momento la ropa estaba de más, puse mis manos en su nuca, eché la cabeza para atrás y solté un suspiro hueco, lleno de deseo. Comencé a desabotonar mi blusa y me dejé hacer.

La pasamos tan rico que la noche nos encontró con las piernas trenzadas. Ya tenía que irme, había transcurrido mucho tiempo y mi teléfono sonaba. Otra persona quería conocerme y quedé de verlo en ese mismo hotel. Debía bañarme y volverme a arreglar. Mientras lo hacía seguimos conversando. Me preguntó si todavía alcanzaría a llegar a la fiesta con mis amigos en Satélite (Mundo E o como se llame). Le dije que no, que ya me daba flojera. -Lástima- contestó -me habría gustado acompañarte- Sonreí. La neta es que, de no tener más trabajo, le habría tomado la palabra. Después de todo, en verdad me caíste súper bien. Besos y mucha suerte con lo que me contaste guapo.

5 comments

  • Anonymous

    ¿¿¡¡CON LA GAVIOTA??!!… órales Gobernador!!
    Ya en serio, ánimo hombre; tiempo y trabajo son grandes aliados.

    PETITE: Este relato es uno de los clásicos ejemplos de cómo tu buena vibra es la mejor invitación a conocerte, a compartir contigo.
    Me llama la atención que dices que las cosas que ellos disfrutan ya las viviste hace tiempo. Se entiende. Sin embargo, por ahí hay un punto que da la vida y camaradería universitaria que no te la da nada más: un estilo de vida que no se repetirá y que forma parte de los años dorados de cualquiera. Así que trata de vivir este tiempo también, nunca regresará esa “inocencia y desenfado” de la época universitaria. ¡¡Vale la pena!!

    SCARAMOUCHE

  • Moy

    Que rica reseña Lulu, y que envidia hacia el chavito este, que tubo el placer de conocerte; yo se que eh dcho muchas veces que ora si ya y esta es la buena, pero me cae que ahora si no pasa de este año, espero que sigamos vigentes…. Saludos

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Comentarios