Una mano amiga

En cuanto entré a la casa me quité los zapatos, me recosté en mi cama y encendí la tele. Había tenido un día pesado. Hacia muchísimo calor, así que me saqué el vestido y me quedé tumbada en la cama viendo al techo. Me quedé dormida.

Cuando desperté, él estaba en la sala. Había entrado con su llave, me cubrió con una cobija y se fue a dormir allá para no despertarme. Yo lo había invitado a venir y a quedarse, aunque la que se quedó, pero bien dormida, fui yo.

Me levanté y lo llamé. Él me dio un beso, me levantó en sus brazos y me regresó a la cama. Nos recostamos y seguimos besándonos. Sentí poco a poco crecer su erección y el deseo en mi cuerpo, los condones estaban lejos y las ganas ya eran muchas, así que nos recostamos boca arriba, él comenzó a acariciarme por encima de la lencería, buscando el botón que me manda al cielo, yo empecé a jalar su sexo con ritmo y firmeza. 

Nos venimos juntos, fue exquisito.

Posdata, cartelito para reír un rato:

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