Voy en camino

 
Querido diario:
 
Voy en camino para estar contigo. La idea es besarte y que me beses. Tocarte y que me toques. Conocernos, saborearnos, divertirnos. Voy en camino con el firme propósito de que la pases muy bien. Voy en camino ¿Estás listo? Voy a poner mis manos en tus hombros. Cerraré los ojos y me vas a dar un beso. Tu aliento sabrá a menta y olerás a recién salido de la ducha. Pondrás tus manos en mis hombros y bajarás los tirantes de mi vestido. Nos desnudaremos lentamente, entre besos y caricias, me harás tuya, te haré mío. Haremos nuestro el recuerdo ¿verdad que te animas?

Hace tiempo Alejandro Gámez, un amigo que conocí en twitter y cuyo único defecto es pensar cada año que al fin éste es del Cruz Azul, me propuso una idea: -imagínate- me dijo -que vas caminando por la calle y de pronto te encuentras con un hombre que está leyendo tu libro. Te acercas y, como no sabiendo, le preguntas qué está leyendo. Cómo él nunca ha visto tu rostro, no sabrá que quien le pregunta es la autora del libro, así que le harás plática-

El caso es que, en la historia de Alejandro (y él no me dejará mentir), yo terminaba seduciendo al lector, un adorable caballero a quien, como premio por tener “tan buen gusto” al escoger su lectura (ja, ja, ja), lo invitaba a pasar un rato de amor pasajero en la mullida almohada de un cinco letras.

Como fantasía era buena. Al menos para Alejandro. Imagínate: ir por la calle y cogerme, al azar, al primer caballero que me encontrara leyendo Los Secretos de Lulú Petite. Como estrategia publicitaria pudo ser buena, pero cumplirla iba a estar canijo.

Francamente, no puedo decir que no me dan ganas. No de hacer literalmente lo que dice la historia, pero sí de retribuir o de agradecer a quienes me han regalado minutos de su tiempo leyendo mis relatos o la historia de mis inicios en este oficio en el libro que publiqué.

Muchas veces, cuando escribo, me pongo a pensar en eso: ¿Quién será el lector? ¿Quién me regalará parte de su día para leer las cosas que escribí? ¿Será un hombre o una mujer? ¿Qué edad tendrá, a qué se dedicará, qué pensará de mí? ¿Quién eres y por qué me lees?

Escribir pornografía puede parecer fácil, pero cuando estás frente a la computadora, tratando de contar por millonésima ocasión la forma en que te colgaste del guayabo con un desconocido a cambio de unos pesos, construir la anécdota se convierte en un reto. No sería posible asumirlo y tratar de hacerlo lo mejor posible, a no ser porque pienso que, cuando llegue al papel o se suba a internet, cada uno de estos relatos será leído por alguien. Eso emociona y recuerda que tengo el compromiso de esforzarme.

Cuando leo en twitter a gente como Alejando o como Silvestre Morales, Ricardo Zerón, Paco Cuellar, Roberto López, Gabriel Fernández, entre muchísimos otros lectores de El Gráfico a quienes he ido identificando, esa especie de anonimato respecto a quién es el lector, va cobrando forma, rostro, personalidad.

Son personas que nunca me han contratado como escort, pero que leen cada martes y jueves lo que escribo y siempre tienen un comentario amable para mí.

A quienes tengo que agradecerle esa complicidad son muchos; como mis amigos de Orizaba, que cada martes y jueves, comentan en grupo las cosas que escribo, Daniel Villanueva que me mostró completa su colección de “Placer G” o mis amigas la hermosísima Fabiola Grinch, mi amada Minerva o la arrolladora Lety Vázquez, que me han dado muestras maravillosas de cariño.

Escribir los nombres de algunos hace que deje de decir los de muchísimos otros. Por eso mejor no sigo. A lo que voy, es que ese grupo de personas cariñosas que me dejan recados amables en mis redes sociales cada que escribo, me ayudan a recordar que lo más importante al escribir es el lector. Eres tú, la persona que me está leyendo.

Generalmente escribo como si le hablara a mi querido diario, así es más fácil. A veces, imagino que es un cliente o que es un novio, las más de las veces, se lo escribo a mi amigo Mat. Él me decía, cuando estaba vivo que escribir es un placer cuando lo haces para ti, pero un honor y una responsabilidad cuando lo haces para que alguien más lo lea.

Naturalmente se refería a ti. Me decía que contara las cosas de modo que pudieras sentirte parte de la historia, a veces como su protagonista, otras como mi cómplice, siempre como mi confidente.

Hoy decidí hacerte un poco más mi cómplice y regresar un poquito de las muchas satisfacciones que me has dado como lector. Así que sí, esto va para ti, es hora de ofrecerte un regalito.

El próximo sábado, cuando el reloj marque las seis en punto de la tarde, en mi cuenta de twitter (@lulu_petite), estaré haciendo preguntas. Regalaré diez libros “Los secretos de Lulú Petite” autografiados y una cita conmigo para que tú, que me has leído desde hace mucho, tengas ahora el chance, sin gastar, de que en una de esas historias de picardía, erotismo, besos y caricias, seas el protagonista. ¿Te late? Entonces, ya sabes, te espero el sábado…

Hasta entonces

Lulú Petite

 
Regresan las rifas, pero con algo extra. Bueno, con muchas cosas extras y sorpresas.Ya hace como un año que fue la anterior y me habían preguntado mucho para cuándo la próxima:
Ahora ¿Qué tal una rifa al mes?
 
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