¡Godzilla!

Hoy tuve un día ajetreado, por lo que sólo atendí una cita. Llegó al gym un chavo que está hecho un cuero de los pies a la cabeza y que a todas nos robó miradas. Es el nuevo instructor de zumba y la clase se llenó de chavas en cuanto el manguito de manila se puso frente al grupo. Es una lástima que nomás abrió la boca y nos dejó claro que es más gay que una fiesta entre Juanga y Fabiruchis.

La cita fue a medio día en el Villas Patriotismo. El cliente fue un caballero con aspecto serio, buena onda y de trato amable. Todo empezó muy bien, besitos por aquí, caricias por allá, fajecín, toqueteos, risas. El asunto comenzó a complicarse cuando, en medio de los arrimones y por debajo de su pantalón, un bulto descomunal empezó a cobrar vida. -No será para tanto- pensé, y seguimos en el calentamiento previo. Me quitó el vestido… le desabotoné la camisa… me besó los senos… le desabotoné el pantalón… me besó los labios… le toqué el bulto y… ¡No mames!

¡Lo tenía de no manches! Me habría gustado ver mi cara al encontrarme de frente con esa cosa. O sea, imagino que hice bizcos y di un brinquito para atrás. De pronto me sentí como en una película de Godzilla, con ganas de salir corriendo despavorida. Mira que he visto infinidad de pirrines, pero a estas alturas no creí que todavía hubiera uno capaz de impresionarme, pero esa cosa… ¡Ay mamá! Eso no era un pito, era una pinche anaconda amaestrada, hasta creí que me iba morder.

-Lo siento corazón… qué pena, mira que chiquita soy… esa cosa no me entra ni encomendándome a todos los santos…

O sea, de veras que traté. La agarré con mis dos manitas, una sobre la otra, y todavía así sobaban un buen de centímetros, digo, en buena onda, alquilo minutos para ponerme a coger, no para jugar beisbol. Ese muchachote no quería sexo, quería empalarme. Traté, pero primero el condón le quedaba visiblemente chico, el oral aunque lo intentara hasta que me vinieran arcadas, no llegaba ni a la mitad y ya me lloraban los ojitos. Habría dejado que intentara otra cosa, quizá untándome una pipa de lubricante, pero la verdad es que me habría roto o mínimo discapacitado para toda la semana…

-Mejor te hago chocolatito ¿sí?-Le dije apurada y con toda la pena del mundo

Se soltó a reír. Obviamente no era la primera vez que alguien se declaraba incompetente para la tercera pierna que a ese hombre le colgaba. Al final se portó súper lindo y encontramos el modo de que disfrutara sin tener que partir en dos a una jovencita cordial y trabajadora. Eso sí, en verdad nunca había visto una cosa de ese tamaño.

Me encantan los finales felices.

10 comments

  • Ing. Moises

    Lulu:

    Vaya q cosas eh, como dices a veces piensas que haz visto todo, pero llega algo que te sorprende, asi es la vida, jajaja vaya anecdota lulu. como dicen aqui en los comentarios, que bueno que se porto chido.

    Bueno estamos en contacto.

    Besos y abrazos

  • es_panto

    hola lulù:
    Parece que siempre hay que agarrar la buena vibra en todo momento.
    Dicen que en situaciones difíciles hay que poner buena cara, como nos esta pasando a los que debemos la chin… tarjeta de crèdito.
    Ya nos dejaron caer la tranca y sólo nos resta movernos (si podemos, ja ja ja).

  • Trumpet0010

    jajajaja no manches buena anectdota, pobre cuantas chavas le tendran que decir lo mismo q tu? me cae q es para traumarse.
    Pero que no quiera acabar con nuestra lulu, queremos lulu para rato jajajaja

    besos lulu

  • Anonymous

    Tu relato me recuerda lo que se narra en la novela Memorias de una pulgo, he auí: «Pero Bella quedó atónita ante las proporciones del falo que el sacerdote ofrecía ante ella. Aún no había acabado de quitarse la ropa, y ya surgía de su parte delantera un erecto miembro ante cuyo tamaño hasta el padre Ambrosio tenía que ceder el paso.
    De entre los rizos de rojo pelo emergía la blanca columna de carne, coronada por una brillante cabeza colorada, cuyo orificio parecía constreñido para evitar una prematura expulsión de jugos. Dos grandes y peludas bolas colgaban de su base, y completaban un cuadro a la vista del cual comenzó a hervir de nuevo la sangre de Bella, cuyo juvenil espíritu se aprestó a librar un nuevo y desproporcionado combate. —¡Oh, padrecito ¡ ¿Cómo podré jamás albergar tamaña cosa dentro de mi personita? —Preguntó acongojada—. ¿Cómo me será posible soportarlo una vez que esté dentro de mí? Temo que me va a dañar terriblemente. —Tendré mucho cuidado, hija mía. Iré despacio. Ahora estás bien preparada por los jugos de los santos varones que tuvieron la buena fortuna de precederme. Bella tentó el gigantesco pene. El sacerdote era endiabladamente feo, bajo y obeso, pero sus espaldas parecían las de un Hércules. La muchacha estaba poseída por una especie de locura erótica. La fealdad de aquel hombre sólo servía para acentuar su deseo sensual. Sus manos no bastaban para abarcar todo el grosor del miembro. Sin embargo, no lo soltaba; lo presionaba y le dispensaba inconscientemente caricias que incrementaban su rigidez. Parecía una barra de acero entre sus suaves manos. Un momento después el tercer asaltante estaba encima de ella, y la joven, casi tan excitada como el padre, luchaba por empalarse con aquella terrible arma. Durante algunos minutos la proeza pareció imposible, no obstante la buena lubricación que ella había recibido con las anteriores inundaciones de su vaina. Al cabo, con una furiosa embestida, introdujo la enorme cabeza y Bella lanzó un grito de dolor. Otra arremetida y otra más; el infeliz bruto, ciego a todo lo que no fuera darse satisfacción, seguía penetrando. Bella gritaba de angustia, y hacía esfuerzos sobrehumanos por deshacerse del salvaje atacante. Otra arremetida, otro grito de la víctima, y el sacerdote penetró hasta lo más profundo en su interior. Bella se había desmayado. Los dos espectadores de este monstruoso acto de corrupción parecieron en un principio estar prestos a intervenir, pero al propio tiempo daban la impresión de experimentar un cruel placer al presenciar aquel espectáculo. Y ciertamente así era, como lo evidenciaron después sus lascivos movimientos y el interés que pusieron en observar el más minucioso de los detalles. Correré un velo sobre las escenas de lujuria que siguieron, sobre los estremecimientos de aquel salvaje a medida que, seguro de estar en posesión de la persona de la joven y bella muchacha, prolongó lentamente su gocé hasta que su enorme y férvida descarga puso fin a aquel éxtasis, y cedió el paso a un intervalo para devolver la vida a la pobre muchacha. El fornido padre había descargado por dos veces en su interior antes de retirar su largo y vaporoso miembro, y el volumen de semen expelido fue tal, que cayó con ruido acompasado hasta formar un charco sobre el suelo de madera. Cuando por fin Bella se recobró lo bastante para poder moverse, pudo hacerse el lavado que los abundantes derrames en sus delicadas partes hacían del todo necesario…
    O no crrés?

  • Anonymous

    A la próxima puedes hacerle como el esposo de mi prima, se pone una toalla enredada en la pase del pene y ya disfrutan los dos, oral obviamente la puntita jajaja y los huevitos

  • Robert

    Hola Lulu. Soy fan recientemente. Te escribo porque al leer los comentarios, vi uno que hace referencia a «las memorias de una Pulga», Este novela erotica la recuerdo pq fue la primera que lei de este genero, hace ya algunos años, jejeje, cuando en ese entonces tenia la idea que practicar la «manuela» era malo… jajajajaa
    Que bueno es leerte y leer los comentarios de tus admiradores.

  • Charlotte

    Me parece bien esta onda de escribir tus andanzas… escribir relaja, dices q no eres futbolera pero cheque tu blog por un cometario q hiciste del niño heroe Julio Gomez…

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Comentarios